En estos días se libra en el Parlamento español la batalla de los Presupuestos generales del Estado. Combate fragoroso pero de antemano perdido para la oposición en muchos de los frentes, entre ellos el de Cultura, a no ser que medie algún extraño milagro. El Gobierno tiene mayoría parlamentaria y los presupuestos no van a variar, más allá de alguna partida. Desde luego, en Cultura no lo va a hacer en cuanto a enfoque.
Comentaba en Pirámides de necesidad cultural I sobre que la visión de la Cultura como algo básico depende del enfoque, y que parece haber dos situados en oposiciones antagónicas. ¿Y si hiciéramos una Pirámide de necesidad dentro de la propia área administrativa de la Cultura? ¿Cómo sería? Porque lo que está claro es que, en tiempo de escasez, o incluso de falta, se deben priorizar unas actuaciones respecto a otras.
No se trata ahora de comenzar aquí a crear niveles en detalle, ni a situar cada segmento de la cultura, o cada acción concreta, en uno de esos niveles. Pero sí que hay que asumir que, si no hay dinero, hay que dotar antes a unos que a otros. Es tan fácil –o tan difícil- como la decisión obvia de que, si no hay dinero, prescindimos de renovación de vestuario para comprarnos comida. Más que nada porque con ropa algo vieja podemos sobrevivir y sin comer no.
A mi juicio, en Cultura la cosa está clara. Lo primero que hay que dotar son a todas aquellas áreas que garantizan la igualdad básica entre los ciudadanos, así como a las actuaciones urgentes o que, en caso de no realizarse, pueden llevar a daños irreparables o de difícil remedio.
Y, siempre a mi entender, eso no ha sido así. Al menos, no en todos los casos. Ejemplos de cómo se han relegado a áreas que garantizan la igualdad básica entre ciudadanos están en el golpe que sufre el presupuesto de Bibliotecas, que se ver reducido en un 49%. Ahí es nada. Ejemplos de cómo se reduce en actuaciones que, de no realizarse pueden llevar a daños elevados está en la bajada presupuestaria para restauración de bienes del patrimonio nacional. Es verdad que andamos muy cortos de dinero, que el recorte general ha sido mucho. Pero señores, destinar 15.000 euros al mantenimiento del Acueducto de Segovia suena un poco a pitorreo.
Por otra parte, no estoy diciendo que a algunas áreas se las deje sin dinero. Volviendo al ejemplo de antes, una cosa comer antes que gastar en ropa y otra andar desnudo por la calle. Y siguiendo con él, antes gastaremos en ropa de abrigo que en ropa de marca. Pues aquí igual. Y tampoco se ha hecho, claro. O no siempre se ha hecho, para ser justos. ¿Ejemplos? Uno solo, para no aburrir. De los ochenta millones de euros de Música y Danza, el Real de Madrid se lleva 13 y el Liceo 18, en tanto que actuaciones en infraestructuras (como la construcción de conservatorios) se paralizan. Entre el Teatro Real de Madrid, El Liceo de Barcelona y el Consorcio de la Maestranza de Sevilla devoran alrededor del 40% del presupuesto. Es decir y con perdón de la crudeza, se mantiene el presupuesto para exquisitos a costa de recortar a la plebe.
Ya lo he dicho en alguna otra entrada. Podemos hablar de políticas progresistas en Cultura, podemos llenarnos la boca hablando de prioridades y racionalización y esfuerzo. Pero ahí donde las frases pueden crear cortinas de humo, los números cantan. Y a tenor de los números, las proporciones de la pirámide de asignaciones culturales para este año no responden no ya al número áureo, sino tampoco a parámetros de igualdad entre ciudadanos ni de conservación del patrimonio, que son la base sobre la que se debe sustentar todo lo demás.
Dado que hoy es el Día Internacional de los Museos, pues hoy no haremos una entrada de números, leyes o situaciones. Vamos a disfrutar del día y os invito a un paseo virtual por cico de los muchos museos interactivos que ya están abiertos en la Red. Vamos allá. Poco o nada hay que decir, porque sus mismos nombres lo dicen todo. Solo entren y disfruten.
4. El Museo Virtual de la Ciencia, del CSIC español
El tremebundo recorte en los Presupuestos del Estado para Cultura, más de un tercio del dinero, y sus consecuencias directas, quizá nos están haciendo olvidar otras no menos graves. La reducción en las partidas, así como una asignación de dinero que en algunas ocasiones es más que discutible, ha dejado sin fondos a gran número de actuaciones. Se ha paralizado la construcción de conservatorios y museos, el presupuesto para la conservación de ciertos monumentos –incluso algunos de ellos patrimonio de la humanidad- solo se puede calificar de ridículo, algunas áreas ven cómo su asignación pasa a ser testimonial…
Todos los días es el día internacional de algo. La efectividad de festejos así es como poco cuestionable. Pero por los menos sirve, eso sí, para que las personas involucradas de una u otra forma con el tema al que hace referencia el día se movilicen, hagan actos, traten de darle repercusión mediática.
listos, de una u otra forma. Lástima que el lenguaje escrito no pueda reproducir esas distintas entonaciones que en español damos a la palabra listo. Así que póngale ustedes el tonillo a cada uno.
2.2. Por el otro lado están los que han visto el filón de la popularidad rápida y fácil jaleando, atizando y dando en algunos casos incluso un tosco soporte ideológico a las posturas hostiles a la propiedad intelectual.
culturales no fuesen tan tacañas, si la clase política no sufriese de tanta soberbia intelectual, acudirían a los que saben, que son los abogados especializados en Propiedad Intelectual. Existen, saben mucho y tienen mucha experiencia. Son los listos de verdad, en el sentido apreciativo y no peyorativo del término. Asombra que sus conocimientos, que su experiencia, no sea a veces demandada por gente que tendría en unos casos mucho que ganar y en otros mucho que aprender para bien de todos.
¿Por qué todo han de ser parabienes y palmaditas en el hombro en el Día del Libro? ¿Acaso va todo tan bien? Aparte de procurar hacer negocio, sobre todo en Sant Jordi, y organizar saraos y fastos, podemos procurar hacer un poco de crítica y análisis. Desde esa óptica, ahí va mi grano de arena.


