Por supuesto que la publicación de Sexismo y visibilidad de la mujer, del académico Ignacio del Bosque -donde se deja en evidencia a los manuales que dicen querer corregir el lenguaje sexista- ha desatado una tempestad de ira, recriminaciones, descalificaciones, insultos y etcs. En ese informe se destapa el bajo nivel, el sesgo y la falacia de tales manuales o guías del lenguaje no sexista.
Me da que muchas veces se ve el asunto desde la óptica errada. Parte de esa ira se deberá a cuestiones ideológicas, no lo dudo. Pero no olvidemos que con esto de «detectar y enmendar el lenguaje sexista» se ha generado en nuestro país toda una economía parásita, una más de las muchas que le chupan el dinero público a este desdichado país. Hay gente que vive de esto, así de claro. Y ponerlos en evidencia es poner en peligro sus lentejas, así de simple. Son un «sector» hasta ahora poco cuestionado. Como Ignacio del Bosque señala con mucha más finura y elegancia de la que yo lo expreso aquí, cualquier tuercebotas (o tuercebotesa) carente del más mínimo conocimiento sobre la materia se escribe un panfleto y añado yo que ¡hala!, a publicarlo a costa de las arcas públicas.
Sobre ese informe y su autor han volcado toda clase de basura, empezando por la tan amada para los españoles falacia ad hominem, o sea, tratar de rebatir el argumento denigrando a la persona. Por eso, se esté o no de acuerdo con el informe -que lo estoy, aunque mi opinión sea irrelevante- es bueno que, cuando alguien expone su punto de vista y se trata de amordazarle mediante el intento de linchamiento mediático, la gente de bien salga en su defensa. Entre otras cosas, hay que recordar que defender a aquellos que sufren acoso de este tipo aumenta nuestras probabilidades de sobrevivir si las víctimas de estos intentos de quemas públicas somos nosotros mañana.
Mi saludo por tanto a la iniciativa de apoyo público, plasmada en un manifiesto (VER) y que, por supuesto, apoyo. Defender el legítimo derecho a expresarse de los demás, sobre todo cuando lo hacen con argumentos, en contra de un «victorianismo» impuesto a sangre, fuego y medios, es defendernos a nosotros mismos.
Ayer era Darwin y hoy son los lingüistas. El eterno choque entre la fe del carbonero y el conocimiento. El eterno choque también entre los «pastores de almas» y los que osan pensar. Las cosas no han cambiado tanto y hoy, como siempre, uno tiene que elegir a qué bando apoya, si al de los que usan la antorcha para iluminar o al de los que lo usan para quemar a todos aquellos que no rinden pleitesía a sus dogmas.




No deja de ser curioso que los que antaño se postulaban como defensores de las libertades, hoy sean los intolerantes mayores del reino. Hay que estar prestos y vigilantes porque mañana podemos ser uno de nosotros por “simplemente” llevar zapatos rojos o cazadora gris. Porque cuando la estupidez busca culpables y cabezas de turco, ninguno estamos a salvo…
Por eso insisto. No hemos cambiado en nada. Estamos en un nuevo «viejo régimen» con inquisidores, diferencias de clase, diferencias por región, castas intocables… Y la pelea está en estos «día a día».
Me encanta chocar con los pastores de almas.
Son tan lineales y previsibles…
Pastores de almas, de mentes, de ideas. No cambiaremos. Aunque es verdad, ya que este es un blog de políticas culturales, que ha habido grandes épocas artísticas bajo dictaduras del pensamiento atroces (por lo rígido o literalmente) la cultura solo alcanza en riqueza y en expansión bajo regímenes de respeto y amplitud de mente. Y no parece que vayamos precisamente por ese camino. Se está creando un pensamiento único, un victorianismo en el que hay que medir cada palabra, cada expresión. Y, como todos aquellos que están en posesión de la «verdad absoluta» para los que disienten o se niegan a entrar en vereda solo reservan dos destinos. volver al redil, previo acto de contricción, claro, o el anatema. Así no progresamos, amigo.
Lo que más me molesta de estas situaciones es que la ideología mete la cuchara en la sopa de la ciencia. El día que se demuestre que el género de las palabras genera sexismo, amen.
Pero por simple reducción al absurdo: hay lenguas sin género y las sociedades que las hablan no son más igualitarias desde el puntoo de vista del sexo.
Aunque su origen mostrase un sesgo, después con la evolución se ha despegado de cualquier connotación. El idioma es así. Pero las señales llevan ahí mucho tiempo. Tenemos que recordar cómo hace no mucho se exigía que se eliminara del diccionario de la RAE la acepción metafórica de cáncer como mal social, porque se consideraba una ofensa para aquellos que sufren tal dolencia. Dejando de lado la tontería que tal exigencia supone, hemos de fijarnos en la aberración de exigir al diccionario que deje de ser notario del idioma usado para convertirlo en generador de idioma a nuestra conveniencia. Lo de nuestra es un decir.
El miedo a que la verdad, el ruido, la supuesta ofensa, reste votos hace que se mantenga y se instale axiomas falsos que generan estas patrañas con el erario público y viene desde hace tiempo.
Se ha usado y manoseado a conveniencia por los políticos lo que “está bien o mal” durante tanto tiempo que cada vez es más difícil discernir la estupidez.
A esto la ignorancia se extiende imparable en nuestra sociedad y uno de sus principales consecuencias es la osadía. Sólo el ignorante de algo puede discutir e incluso creer q aporta justicia al lenguaje con sus propuestas tan estúpidas. Luego el cobarde interés político q no corrige la estupidez sino q para “no ofender” da cancha a esas surrealistas propuestas. Esta combinación tan explosiva se da en nuestra sociedad desde hace mucho tiempo y será muy difícil erradicar tanta tontería, mientras haya dinero público que se pueda trincar.
Cagadita a parte mía, tienes mucha razón , León.
Creo con sinceridad que aquí en parte, aparte de la cerrazón y el fanatismo, hay un tema de dinero. Tendríamos que evaluar cuanta gente está viviendo de temas de «igualdad7 y, por supuesto, evaluar cuán beneficiosos son para la sociedad. A lo mejor descubrimos que los que de verdad trabajan en pro de la igualdad desde la admnistración y desde organizaciones con subvención no se llevan la parte del león, como suele ocurrir en este país.